Plan de protección de la Costa Brava

La Comisión de Territorio ha aprobado definitivamente el Plan de protección de la Costa Brava, que evitará la construcción de 15.000 viviendas en espacios con valor paisajístico, según informa la Generalitat.

Además, la comisión ha dado cuenta del inicio de la redacción del Plan Director Urbanístico (PDU) de revisión de suelos no sostenibles del litoral entre Malgrat de Mar y Alcanar y ha autorizado el inicio de los trabajos del Plan de Protección y Ordenación del Litoral.

La Comisión, presidida por el conseller de Territorio y Sostenibilidad, Damià Calvet, ha dado luz verde así a tres instrumentos de planeamiento que incidirán en la protección y la ordenación de todo el litoral catalán.

El PDU analiza ámbitos de los municipios de la Costa Brava donde todavía se podría construir pero que no se han llegado a desarrollar, evalúa su sostenibilidad y, si es necesario, propone la estrategia más adecuada para cada uno de ellos.

El Plan director realiza dos tipos de actuaciones: Revisa la sostenibilidad de 201 suelos donde se podría construir en los 17 pueblos de la Costa Brava que no tienen su planeamiento adaptado al contenido del Plan territorial parcial de las Comarcas de Girona y mejora la integración paisajística de suelos con edificaciones aisladas en los 22 pueblos del litoral.

Además, se fijan unas directrices de integración paisajística que se deberán cumplir en todos los municipios cuando se quieran construir viviendas aisladas.

La Comisión también ha autorizado al Departamento de Territorio a iniciar los trabajos de redacción del Plan Director Urbanístico (PDU) de revisión de suelos no sostenibles del litoral de Malgrat de Mar a Alcanar, es decir, el resto de la costa catalana, exceptuando el Área Metropolitana de Barcelona.

Tendrá los mismos objetivos, funciones y filosofía que el de la Costa Brava y se revisará el planeamiento de 26 municipios que no tienen su planeamiento urbanístico adaptado al Plan territorial parcial correspondiente.

Son Malgrat de Mar, Santa Susanna, Pineda de Mar, Calella, Sant Pol de Mar, Caldes d'Estrac, Sant Vicenç de Montalt , Mataró, el Masnou, Sitges, Sant Pere de Ribes, Vilanova i la Geltrú, Cubelles, Cunit, el Vendrell, Roda de Bará, Creixell, Torredembarra, Altafulla, Vila-seca, Salou, Cambrils, Mont-roig del Camp, el Ametlla de Mar, Amposta y Alcanar.

En estos municipios, se revisarán unos 307 ámbitos de suelo urbano y urbanizable, que suman 4.200 hectáreas y un potencial aproximado de 100.000 nuevas viviendas.

SOS Costa Brava

Estas entidades y plataformas hacen un grito de alerta a la sociedad catalana, a los municipios del litoral gerundense y al Gobierno de la Generalitat ante la avalancha de amenazas que se ciernen sobre el medio ambiente, el paisaje y la calidad de vida en la Costa Brava. .

En los últimos años, los desarrollos en el paseo marítimo han despertado con un urbanismo obsoleto y anticuado. Desde la Plataforma SOS Costa Brava consideramos que hay que buscar la estrategia para desclasificar definitivamente estos sectores. Necesitamos su ayuda para hacer frente a estas aberraciones urbanas.

Durante los últimos años, SOS Costa Brava ha conseguido modificar, reducir o incluso detener los planes de construcción de viviendas y apartamentos en espacios naturales.

Si va al siguiente sitio y luego hace clic en la plataforma, obtendrá una página donde puede elegir su idioma para obtener más información (español, inglés, francés y alemán).

www.soscostabrava.cat

El macizo de las Gavarres, una joya que debes descubrir

El macizo de las Gavarres se sitúa entre las comarcas del Baix Empordà y el Gironés, en el extremo septentrional del litoral catalán, cubre una extensión de 350 km2 y acoge a un gran número de poblaciones como: Castell d’Aro, Calonge, Monells, Forallac, La Bisbal, Palafrugell, Palamós, Sta. Cristina d’Aro, Girona, Llambilles, Madremanya o Llagostera entre muchas otras.

Las Gavarres muestran formas rendondeadas, que fueron definidas por el escritor Josep Pla como “elefantíacas”, y nos ofrecen un extenso paisaje forestal donde destacan las cimas más altas de la Gavarra (533 m.) y Arqués (527 m.), junto con otros puntos como la Mare de Déu dels Àngels (485 m.), el Montigalar (467 m.), Santa Pellaia (353 m.), el Puig Cargol (363m.) o el Montnegre (285 m.).

Origen de las Gavarres 

Para conocer su origen, debemos remontarnos a la era paleozoica, hace 600 millones de años, en aquel entonces el macizo estaba sumergido bajo las aguas del mar, pero tras millones de años y debido a las variaciones del nivel del mar, su relieve se ha ido perfilando hasta la actualidad.

En la zona norte encontramos una orografía más escarpada donde predominan las rocas pizarras y de cuarzo. En cambio el sur está formado básicamente por gratino y arenisca, de formas más redondeadas y valles más abiertos. En esta última zona y tras el paso de los años, se han depositado otros sedimentos como las tierras rojizas de Sant Daniel o Vilaroja, las calcáreas de Girona y Fonteta o las arenas amarillentas de la Bisbal.

Su clima es típicamente mediterráneo, las mayores lluvias se concentran en la primavera, final del verano y el otoño. Las tierras del macizo están cubiertas por una red de aguas formada por nueve cuencas: Onyar, Ter, Rissec, Daró, la riera de Peratallada, la riera Grossa de Pals, Aubí, riera de Calonge y Ridaura, que dieron lugar una gran cantidad de fuentes naturales que fueron aprovechadas por el hombre para explotar los recursos disponibles y que algunas de ellas, están actualmente en proceso de rehabilitación.

Los primeros habitantes

Los primeros habitantes de las Gavarres llegaron hace 100.000 años, eran pequeños grupos nómadas que subsistían gracias a la caza y la recolección de frutos silvestres, y seguían a los rebaños de animales con los que se alimentaban y confeccionaban sus vestimentas. Con la aparición de la agricultura y la ganadería en el periodo neolítico (5.000 años a.C), se establecieron los primeros asentamientos al aire libre.

Bajo la gruesa capa de vegetación de las Gavarres, encontramos los restos de las diferentes etapas de la historia del macizo. La evolución de los primeros indígenas en contacto con los pueblos colonizadores del Mediterráneo, fenicios y griegos, dio paso a la cultura ibérica, que se estableció en poblados elevados desde donde era más fácil el control y su defensa. Algunos ejemplos son Castell Barri a Calonge, el Puig del Castell a Cassà y la Creueta a Quart.

Con la llegada de los romanos en el s.III aC., la población abandonó los poblados elevados y se estableció en las villas agrícolas, que estaban situadas en las llanuras donde podían gestionar su explotación. Encontramos las villas lujosas de El Collet de Sant Antoni a Calonge o Vilarenys a Vall-llobrega.

A partir del s.X, algunas comunidades de agricultores se instalaron alrededor de la iglesias, dando lugar a una nueva organización territorial, la parroquia, que del s.XI al XIV continuaron creciendo de forma regular hasta llegar a la treintena, pero a partir del año 1.300, se comenzaron a formar las “celleras”, pequeños conjuntos de casas situadas entorno a las iglesias del macizo.

A pesar de haber sido un lugar de intensamente poblado, las Gavarres están prácticamente deshabitadas, el proceso de abandono de las masías que se inició en el s. XX, continuó hasta finales de los años noventa. Tan sólo se mantuvieron tres núcleos de población permanente: Sant Pol de la Bisbal, Romanyà de la Selva de Santa Cristina d’Aro y Sant Mateu de Montnegre de Quart.

Actualmente se detecta un cambio lento pero progresivo, gracias al incremento de compra destinado a la primera o segunda vivienda, recordamos que el 98,2% de la superficie del Espai de les Gavarres, es de propiedad privada.

Megalitismo en las Gavarres

Les Gavarres conservan más de 40 monumentos megalíticos que están distribuidos en tres sectores: Fitor y su entorno, Romanyà de la Selva y Calonge. La creencia en el más allá, les llevó a construir grandes entierros megalíticos colectivos, en los que depositaban a los difuntos en el interior acompañados de elementos de ajuar funerario.

Los más antiguos son las tumbas de corredor o sepultura de corredor (entre 3.200-2.500 aC.) que consisten en un estrecho pasaje de grandes piedras y una o varias cámaras funerarias cubiertas de tierra o de piedra, un ejemplo claro lo encontramos en el Dolmen de Mas Bouserenys de Santa Cristina d’Aro o el Dolmen de la Cova d’en Daina, en Romanyà de la Selva.

.Las galerías catalanas son una derivación moderna de los anteriores (2.500-2.100 aC.), en la que el corredor y la cámara están poco diferenciados. Destacamos la Cova d’en Daina en Romanyà y el Cementiri dels Moros de Torrent, y algunas más pequeñas y sencillas (2100-1500 aC.) como el Puig ses Forques de Calonge y Tres Peus en Fitor.

Pero en la Gavarres encontramos también otros monumentos megalíticos como los menhires, se trata de una piedra, por lo general alargada mínimamente tallada, colocada en forma vertical y enterrada en el suelo para evitar que caiga. Podéis visitar los menhires de la Murtra en Romanyà, Puig ses Forques en Calonge, Pedra Dreta, en Sant Sadurní de l’Heura y Pedra de les Goges en Santa Cristina d’Aro, además de diversas cuevas artificiales concentrades en la zona de Calonge.

Bosque y fauna de las Gavarres

Su bosque es de un intenso verde oscuro durante todo el año, está formado por encinas, alcornoques, roble, pino piñonero y pino marítimo, y se protege con una gran cantidad de arbustos y lianas.

Las Gavarres acogen una gran diversidad de fauna vertebrada e invertebrada, las zonas húmedas son habitadas por anfibios como la rana pintada o el tritón palmeado. Las aves más abundantes que aquí habitan son los petirrojos, los mosquiteros o la paloma torcaz, aunque también encontramos pájaros rapaces como el gavilán, azor o el cárabo.

Si te animas a pasear por sus senderos, es muy probable que escuches movimiento entre la hojarasca pues no es extraño encontrar ratones silvestres, o las huellas de animales más grandes como gatos monteses, zorros, tejones y jabalíes.

Pous de Glaç (Pozos de hielo)

La construcción de los pozos de hielo que encontramos distribuidos a lo largo del macizo de las Gavarres, nos confirma la importancia que el comercio del hielo tuvo para la economía local. Esta actividad se desarrolló durante los siglos XVII, XVIII y XIX, coincidiendo con un periodo climático de frecuentes y fuertes nevadas en la conocida “Pequeña Edad de Hielo”, que sufrió toda Europa y que ocasionó un descenso destacado en la temperatura media.

El “pou de glaç” era una construcción subterránea, excavada parcialmente en el suelo, con paredes de piedra y cubierta por un arco, que se construían en lugares sombríos y húmedos donde existía un microclima mucho más frío. El hielo que en él se almacenaba, provenía de la nieve y mayoritariamente de las aguas heladas que se formaban en las balsas de los arroyos cercanos durante las frías noches de invierno. Se serraba en bloques de medidas estándar y se volvía a guardar cuidadosamente de nuevo en el interior de los pozos, dispuesto en capas entre las que se colocaban unos aislantes formados con ramas de arbusto y paja, que favorecían la conservación aún en los meses más calurosos. Para finalizar esta operación, se tapa el pozo y tan sólo se podía observar su interior a través de una ventana.

El proceso de guardar el hielo se realizaba entre los meses de octubre a febrero, de esta forma se garantizaba una mejor conservación, y llegado el mes de mayo se iniciaba su comercialización generando nuevos oficios, como el pesador de hielo y el vendedor. La actividad era controlada por los ayuntamientos que arrendaban el derecho al monopolio, los lugares de distribución, horarios y su precio, cuyo incumplimiento podía suponer sanciones.

Este hielo se usaban en la conservación de los alimentos, especialmente el pescado, en el refrigerio de bebidas y la elaboración de los helados, pero además tuvo una enorme importancia en el campo de la medicina, ya que se usaba para controlar las hemorragias, calmar las inflamaciones o soportar las fiebres. Con la llegada de las nuevas técnicas para fabricar el hielo artificial, a finales del s.XIX, los “pous de glaç” iniciaron el declive de su actividad.

En las Gavarres se han encontrado hasta una decena de estos elementos patrimoniales, dos de ellos forman el Pou de glaç de la font d’en Salomó en la Bisbal, reconocido en el 2011 Bien Cultural de Interés Nacional en la categoría de zona de interés etnológico, el Pou de glaç del Comú en la misma localidad, que se mantiene muy bien conservado actualmente y se puede visitar. El Pou de Can Cals de Forallac, está considerado el más antiguo de todos, ya que se diferencia por tener una estructura poligonal y está acabado en un arco o “volta” y no en cúpula.

Entre los municipios de Cruïlles, Monells y S. Sadurní de l’Heura, podemos encontrar cuatro de estos pozos, dos que forman parte del Pou de glaç del molí d’en Ribes, situados junto al molino del mismo nombre, además del Pou de glaç del castell de Camós y el Pou de glaç de Monells. En la ladera de la riera de Cabanyes en Calonge encontramos tan solo los restos del lo que fue el Pou de Glaç de la riera de Cabanyes, y finalmente, situado junto al mas Riera, el Pou de glaç de can Terrades en Santa Cristina d’Aro. El macizo de les Gavarres destaca por su enorme valor natural pero también por los numerosos testimonios que encontramos y que demuestran la ocupación humana, el patrimonio cultural que esta zona de la provincia de Girona nos ofrece.